He visto directivos facturando millones que piden permiso para ir al baño en su propia empresa.
No literalmente, pero casi. Hombres y mujeres brillantes, con capacidad de comerse el mundo, reducidos a corregir faltas de ortografía en un email de marketing o a supervisar el color de las servilletas del evento de Navidad.
Te dicen: "Miguel, es que no tengo tiempo".
Mentira. Tienes el mismo tiempo que Elon Musk, que Amancio Ortega y que el mendigo de la esquina.
El problema no es tu agenda. El problema es tu arrogancia.
Crees que eres indispensable. Crees que si tú no tocas el botón, la máquina explota. Y esa creencia, amigo mío, es la cadena que llevas al cuello.
Vamos a empezar con una dosis de realidad, sin anestesia.
Si repites constantemente la frase "si quieres que algo salga bien, tienes que hacerlo tú mismo", no eres un perfeccionista. Eres un cuello de botella.
He trabajado con cientos de líderes en El Movimiento y el patrón siempre es idéntico. Al principio, cuando montaste el chiringuito, tenías que hacerlo todo. Eras el CEO, el de marketing, el de ventas y el que limpiaba la cafetera. Eso se llama supervivencia.
Pero ahora, que supuestamente tienes equipo, sigues haciéndolo. Eso ya no es supervivencia. Eso es miedo.
Cuando te niegas a aprender a delegar, estás enviando dos mensajes devastadores:
El ego te susurra que eres el héroe que salva el día apagando fuegos. La realidad es que eres el pirómano que los enciende porque no dejaste que nadie instalara los extintores.
El micromanagement es el cáncer silencioso de las PYMES y de los equipos corporativos. No mata al instante, pero pudre la estructura.
Imagina que contratas a un arquitecto brillante y luego le dices cómo tiene que afilar el lápiz. ¿Qué crees que pasará? Que el arquitecto se irá, o peor aún, se quedará y se convertirá en un zombi.
Si controlas cada paso, creas un equipo de "tomadores de pedidos". Gente que ha dejado de pensar porque saben que, al final, tú vas a cambiarlo todo. Has matado su iniciativa.
Mientras estás corrigiendo esa hoja de Excel o reescribiendo ese copy, ¿quién está pensando en la estrategia del próximo año? ¿Quién está buscando nuevas alianzas? ¿Quién está cuidando la cultura?
Nadie. Porque el capitán está fregando la cubierta mientras el barco va directo contra el iceberg.
Necesitas salir de la trinchera para ver el campo de batalla. Y para eso, necesitas confiar. Sé que da miedo. Sé que fallarán. Pero la confianza en ti mismo como líder se demuestra confiando en otros.
Mucha gente falla al delegar porque cree que es un interruptor: ON/OFF. "Toma, haz esto" y me olvido. Y cuando sale mal (porque saldrá mal), dices: "¿Lo ves? Sabía que no podía confiar".
Delegar es un proceso, no un acto. Existen niveles:
"Haz exactamente esto, de esta manera y avísame cuando acabes".
Aquí no hay autonomía. Es útil para juniors o tareas críticas, pero si te quedas aquí, eres un esclavo.
"Investiga este problema, tráeme tres opciones y yo decidiré".
Empiezas a entrenar el criterio de tu equipo. Les obligas a pensar, pero tú mantienes el control del riesgo.
"Dime qué harías tú y, si no te digo lo contrario, ejecútalo".
Aquí la velocidad aumenta. Ya confías en su juicio. Solo intervienes por excepción.
"Este es el objetivo. Avísame si necesitas recursos. Confío en ti".
El Santo Grial. Aquí es donde recuperas tu vida. Pero para llegar aquí, has tenido que pasar por los anteriores.
Aquí es donde a la mayoría de "perfeccionistas" (léase: inseguros) les explota la cabeza.
Si alguien puede hacer la tarea al 70% de como la harías tú: DELÉGALA.
Sí, has leído bien. Un 70%.
¿Por qué? Porque ese 30% de "perfección" extra que tú aportas le cuesta a la empresa tu hora de CEO, que es la más cara de todas. No es rentable que tú busques la perfección en un informe administrativo.
Además, con el tiempo, esa persona pasará del 70% al 90%, y quizás al 110%, superándote. Pero solo si le das espacio para respirar y equivocarse.
El perfeccionismo es el enemigo de la ejecución. Es miedo disfrazado de calidad. Si quieres saber más sobre cómo el miedo bloquea tu crecimiento, revisa mi artículo sobre el código del bloqueo.
Bien, Miguel, ya me has dado la bofetada. ¿Ahora qué hago? ¿Cómo empiezo mañana sin que el edificio se derrumbe?
Aquí tienes el plan de acción brutalista. Sin florituras.
Durante 3 días, anota todo lo que haces. TODO. Desde responder un WhatsApp hasta negociar con el banco.
Luego marca con un rotulador rojo todo lo que no requiere tu talento único.
Te vas a asustar. Probablemente el 80% de tu tiempo es basura operativa.
No puedes delegar el caos. Si tú lo haces "por intuición", nadie podrá replicarlo.
Grábate la pantalla haciendo la tarea (usa Loom, es gratis). Habla mientras lo haces. Ese video es el primer manual de procesos. No escribas tochos infumables de 50 páginas. Video > Texto.
Dile a tu gente qué resultado esperas y por qué es importante. Déjales que ellos descubran el cómo. Si les marcas cada paso, les robas la propiedad del resultado. Si se equivocan, corriges el proceso, no a la persona.
No esperes a la revisión anual. Si algo está mal, dilo hoy. Si algo está bien, celébralo hoy. La gente necesita brújula, no mapa. Si tienes un empleado tóxico que no acepta feedback, corta por lo sano.
Delegar duele. Duele ver que alguien comete un error que tú habrías evitado. Duele sentir que pierdes el control absoluto. Duele ver que, a veces, las cosas no salen perfectas a la primera.
Y es justo por eso que debes hacerlo.
Porque al atravesar ese dolor, al vencer a tu propio ego que grita "¡dámelo a mí!", estás construyendo algo más grande que tú. Estás construyendo una empresa, un legado, un equipo.
Si sigues haciéndolo todo, solo estás construyendo tu propia jaula dorada.
La elección es tuya: ¿Quieres tener razón y hacerlo todo perfecto tú solo? ¿O quieres ser libre y tener resultados?
Suelta el maldito control.
(Donde te doy una bofetada de realidad diaria como esta)
Tu ego. La creencia errónea de que "nadie lo hace tan bien como yo" es lo que te mantiene atado a la operativa y alejado de la estrategia. Es vanidad disfrazada de responsabilidad.
Es la necesidad patológica de controlar cada detalle del trabajo de otros. Nace de la inseguridad del líder, no de la incompetencia del equipo. Es la forma más rápida de quemar talento.
Esa es la excusa número uno y es una trampa. Si no inviertes tiempo en enseñar hoy, perderás el tiempo haciendo el trabajo tú mismo para siempre. Es una inversión de ROI infinito. Graba procesos, usa Loom, crea manuales sencillos.
Cuando has dado las herramientas, el contexto, la formación clara y la actitud sigue sin alinearse. Mantener a alguien tóxico o incompetente por "pena" o miedo a buscar a otro es una falta de respeto al resto de tu equipo que sí rinde.
Que aprenderán. Si no permites el error controlado, estás criando robots, no líderes. El error es el precio de la autonomía. Tu trabajo es asegurar que el error no hunda el barco, no evitar que se mojen.